Veo un pueblo abandonado en el camino y no me pregunto a dónde se han ido sus gentes, sus calles, no… sino su aroma, su pálpito. El olor que cada mañana cubría sus calzadas y les daba vida. No me pregunto por las sombras que cada día deambulaban por ellas, por el murmullo sobre cada piedra, no, sino por la luz: la luz detenida en cada poro de su aliento.
Eso es lo que busco.


Bastante sobrio. Las frases finales son muy buenas. Saludos!!!!!!!!!!!!!
ResponderSuprimirMe alegro que te hayan gustado, Raúl, viniendo de ti es un elogio. Si, las frases finales son, como me decíais, muy importantes cuando se quiere decir algo, pero no soy yo quien las busco... sabes que siempre busqué la imagen minúscula para ensalzar lo grande, lo inmenso
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