Latiendo en cada naufragio
a punto de disolverse en el mar,
sin miedo, sin desilusión,
sin haber conocido la traición.
Un suspiro, un aliento invisible
existente en cada realidad,
el místico entorno de una palpitación olvidada
todavía musita tu nombre...
no quiere que desaparezcas de su presencia:
cogerte, estrecharte en sus brazos,
quiere llevarte en alma con ella.
Aquellos silencios, entregados por tus manos al vacío,
volverán
para agradecerte el haberles enseñado la soledad.
Y tú, secreta e íntimamente,
seguirás viviendo en cada obra.