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Con estas palabras os doy la bienvenida y mi mayor agradecimiento a vosotros que sois los que hacéis posible que este blog se mantenga activo y vaya renovándolo cada poco tiempo. Mi deseo es que el contenido de este blog os aporte diferentes emociones y sentimientos. Un abrazo cariñoso también a todos los que estáis ahí y formáis parte de esta poesía y a todos los que quieren también formar parte de ella, a las nuevas incorporaciones: un abrazo de bienvenida a todos ellos



sábado, 14 de abril de 2012

Bailé con Manoli en Nigrán

 Y comprendí que estaba equivocado. Se te olvidó decirme la razón. Y he pasado las horas dudando. No te preocupes, he aprendido que eso ocurre en todos los lugares, aquí también tenía que ocurrir. No te preocupes, lo entiendo. Si me lo hubieses dicho antes, antes lo hubiera comprendido. Es eso lo que más me duele, el saber que pude herirte creyendo que era una broma. Yo sonreía, quería que tú también.
  La espera es lo de menos, se puede decir que no existió contigo. Sabes que yo me convenzo de algo, y eso es cualidad indispensable para que lo pase bien. Procuraré que esa cualidad no hiera a nadie, y a ella menos. Alguna vez no ocurrió eso, pero bueno, poquísimas, procuro olvidarlas lo antes posible y convencerme de otro detalle tan precioso.
  Las cintas las grabo para Quico. Quiero que sean mías, pero quien las va a oír va a ser él. Hay muchas cosas que no quiero recordar. Me llega a dar asco muchas veces el haber vivido para ellas. Ayúdame, no quiero ser una marioneta. No las podré olvidar nunca. Sólo separarme. Decir “quiero” no vale. Ya viste, a veces, un animal recuerda su origen. Me gustaría que todo fuera como ayer, y no puedo. Es una herida. Pensar que ya se prendió a mí me llega a turbar.
  No, hay tantas cosas que merecen ser olvidadas. Y yo, ¿por qué no olvidarme a mí también?. Porque sé que estoy aquí hoy. ¿Y mañana?. No merece la pena hacerse tantas preguntas. Soy tan pequeño, me parece que voy creciendo a costa de ellas. Me pregunto qué más me espera. Ahora no lo sé. Siento que no tardarás mucho. Voy comprendiendo tu ausencia. Es muy difícil de explicar. Esperas un coche y no viene. Entonces decides responderte que todavía no ha llegado la hora de que venga. Y sigues esperando impacientemente, no sabes a dónde mirar para que se apresure.
  Es esta mañana. ¡Alégrate!. ¿Quién crees que va a estar contigo para este tiempo?. No debes salir, si en rutina, aprovecha lo que te puede enseñar, como tú le dijiste un día. Y esos momentos que quieren turbarte, ¿para qué?: aprovéchalos a ellos también.
  Todo es importante, y tú tienes la suerte de conocer ese todo. Todo se ha de marchar un día, no lo olvides, eso ya te lo he dicho otras tantas veces.
  ¿Viste ayer, cuando ibas por la calle?. La lluvia moja a todos y, cuando son copillos pequeños, es más dura, pues se van amontonando. Ellos no se asombran por nada, no conocen esa capacidad, aunque cada uno tiene su alma; ellos también conocen ese todo. Injusticia hay en todos los sitios, ¿o es que crees que hay quien no lo sepa?. No importa, ya vuelves a estar solo. Todo parece estar desarreglado. Nada en su sitio, te ibas a ir, podemos ordenarlo. No me digas que soy bueno. No, no lo soy, todavía estoy luchando. Tal vez mañana; si, yo nunca he perdido la esperanza y ese mañana acaso vendrá muy atareado. En serio, quiero encontrarle y encontrar en él tantas de las respuestas que un día tuvieron sentido.
 No sé quién decía que todavía estoy en el camino. Si, es algo así la vida. No parar nunca. Aprender que no se debe dar un paso por perdido. Quiero conseguirlo, muchas veces, si vieras mis esfuerzos, me gusta encontrar muchos sentidos en mis palabras, todos ellos serán buenos, y quiero desechar que, aquel día, no los deseché, como tuve intención de hacerlo. Que puedan servirme de apoyo tantas veces como necesite sentirlos a mi lado, para que siempre vayan recordándome de dónde nací, ese qué es lo que hago tan particular que salta a veces ante mis ojos.
  Conocer todo, si, me parece que es bueno eso, porque te permite conseguir una vida, eso que a veces creíste imposible. Podremos saludar todas las cosas, conocemos su origen, sabemos qué hacen aquí, conmigo; mejor estando a mi lado, me parece que nunca he podido soportar estar solo, vacío y callado, sin nada que escuchar.  

martes, 3 de abril de 2012

El agua cubrió la playa


El agua cubrió la playa
y apenas quedó rastro de nuestras pisadas,
ansiosas y a la vez serenas.

Nuestras pisadas eran paralelas entre sí,
por donde sabíamos
que jamás el agua alcanzaría a rebasar…
pero ese día quiso unirse a nuestros sueños
y se acercó
y se bañó en ellos
al igual que lo hace un niño al sentir su primera ilusión.

  Pero no iba a ser así para siempre
y por eso esperamos,
sentados en la hondonada, abrazados…
la hondonada que el mar respetó.

El agua cubría la playa
y nuestros cuerpos eran el viento,
ágil y misterioso,
cercano.

Yo lo sentía todo: el agua, el mar, el viento…
y a ti.
De un lado la cercanía del horizonte:
sus interrogantes,
sus coloridos;
del otro el abismo que compartíamos tú y yo,
pero que me hacía soñar.

La playa se despojaba de sus vestidos
arcanos para mí
y yo me agarré a ellos
para no sentir el paso de las horas.

  Sabíamos que no siempre iba a ser así:
que no siempre la playa iba a ser la playa,
que no siempre mi estancia iba a estar con ella.

Nos estábamos haciendo inmensidad.


Ayer sábado fui y estaban ellas

  Aquel sábado fui y estaban ellas, también vino conmigo Lourdes, pero ella, al llegar, no quiso bailar porque le veían. Yo lo pasé fenómeno. No sólo bailé con Betty y Susana, con alguna más, después a las dos y algo se fueron, me trajeron hasta la entrada de San Pedro. Cuando marcharon, todavía quise bajar a esperar a Quico, pero me detuve a hablar con Mario y él ayudó a persuadirme. Mario es, creo que el único que me cae bien de por aquí, es más sensato. Estuve esperando por Quico primero en la carretera, después arrimado a una casa y luego en el portalón del campo de fútbol, charlando. Muchas personas me preguntaban por la fiesta, me habían visto muy animado. Y siempre les contaba lo de Betty y otros bailes. Mis palabras, aunque sinceras, tienen odio muchas veces. Odio en bruto, se descargan con toda su furia, como fuego. Una llama que se enciende de pronto, tan de repente que parece que quisiera quemar todo su alrededor. Sin embargo, no quiere herir a nadie, sólo quiere explotar en mi interior. No me hace odiar, no, es así porque nadie parece escucharle y él sabe que me lleva a mí. ¿Por qué odiar?. No, es más inocente que todo eso. Es como una especie de rabia para sí mismo y su explosión se la hace olvidar por un momento. Muchas veces, me gusta intercalar el sentido de poder hablar  con vosotras, no quisiera nunca sentirme separado de todas las palabras que pudieran ser sentido de esa forma. Capaz de descubrir cada vez más, capaz de sonreír. Vosotras sabéis muy bien cómo es mi corazón cuando está a vuestro lado. No me dejes callarme cuando quiero decirte algo. O tal vez intente que tú sepas qué es aquello que yo no consigo decir. No me dejes, hazme abrir la boca para estallar toda esa furia que llevo dentro. Corroerá mis entrañas y, por no saber liberarse y dejar esa prisión, se llegará a hacer odio. Y será por ti algo que no debía tener razón de existir.
  Dímelo todo, si hubo solamente una mirada, necesito reconocer que esa primera estuvo equivocada. Déjame decirte que es algo especial lo que yo siento por ella. Que muchas veces la necesito encontrar en mi forma de vivir. Déjame decirte que es la enseñanza que quiere ocupar un sitio en mi alma. Quiero hablar, si tú estás ahí, me sentiré más seguro. Quiero reconocer que mi equivocación iba creciendo, y podía sublevarse. No me dejes callarme, un segundo puede ser la expresión de todo un tiempo, un tiempo indefinido, quizás el que faltaba. Me gustará pensarlo así. Y que tú vas a ayudarme. No sé por qué te miro tantas veces, son unos ojos que se clavan en ese hogar que es su morada y parecen investigar, no te preocupes, no cambies tu mirada por temer ese futuro. Puedo pensar en tantas cosas, quiero pasar el rato hablando con ellas, ¿tienes que ser tú quien intente saltar?. Bueno, tú, pero no te espera nada. A veces me siento ridículo, muchas de las veces, quiero chillar y no puedo, mi voz se hace entonces más delicada, y me sigue pareciendo igual. ¿Todo?. No, es ridículo el no conocer lo que puedes conseguir. Me siento llevado, manejado, ordenado sin rumbo fijo. Estaré equivocado, me gusta que me lo hagas reconocer. Mientras voy andando, si, tú vienes a invadir mi mente. Llévame contigo. No, haces mal, debes volver a la realidad, piensa que este momento indeciso ya pasó. No consiguió apartarte de la raíz. No, debes volver. No tengo que decirte nada. Tú ya sabes cómo me dejaste aquel día. Ahora te espera, debes volver. No va a decirte nada. Tú ya sabes qué es lo que puedes conseguir, solamente será esa ayuda necesaria para recordarte por quién luchas. Así irá contigo. Haces mal si te duermes. Es mejor descansar un poco. En la fiesta de Ramallosa del sábado, cuando estaba bañándome, llamó Lourdes, quería ir conmigo. Me enfadó, porque había pasado todo el día pensando en Betty y en Susana. Pero fui a buscarle. Lo que me molestó fue que corrí hasta su casa, y estaba viendo la televisión con su madre y sus sobrinos. Fue aquel ambiente, como si yo estuviese allí porque era mi novia. Cuando hablaba con Lourdes me decía que era mi amiga, yo creo que más bien el problema comenzaba en su madre y en todos los de su alrededor. Ayer fui al 2000, el tercer sitio donde estarían ellas, y las encontré, pero me dijeron que no. Toda la tarde Bety bailó alguna, pero Susana no.
  Casi al final tocaron dos lentas y conseguí bailar una con cada una. Bety me dijo que estaba molida por los días de fiesta. "¿No me lo podías haber dicho antes?, le pregunté. Y también se la hice a Susana. Eso me gustó, ya me conocen un poco más. Y me marché.

martes, 27 de marzo de 2012

Y una noche de color púrpura

                 Y una noche de color púrpura
se levantó del mar y cubrió la playa…
tiñendo la arena blanca de color, como ella.

Y se derramaron numerosas estrellas del firmamento
y se inundaron del agua, inmensa y firme,
contagiadas también por la serenidad de la cúpula celeste que palpaban.

Me acerqué a las aguas
para sentirme parte de ese atardecer,
pero ellas me dijeron: "No, no te acerques,
te arrastrarán…
éste debe ser un paso previo antes de entregarnos a ti".

 Y les hice caso y no me acerqué,
pero me quedé maravillado
ante aquella afluencia de emociones…
que nunca había sentido como tal.

Aún era pronto para sentir el agua resbalando por mi piel
y no les dejé acercarse siquiera
a donde yo estaba…sólo en mi mirada
quedaron restos de ese fuego que me había conducido
hasta allí esa noche… atrapado por su aroma.

  No les dejé acercarse a mí,
pero sí me acerqué yo a ellas, extasiado e impaciente, inconcluso.
                        Era la princesa de mi vida. 

  La luna me envolvió…
y entonces me di cuenta
que me habían arrastrado sus latidos,
silenciosos y constantes.

  Me había sentido parte de mí.     
                

Los ojos que lloran



Los ojos que lloran serán consolados,
las manos que claman pidiendo bondad,
los labios deseo, la mente su calma,
 el alma sangrante te busca:
                                               la paz.

  Si un día, yo débil, te he quitado las fuerzas
y tú no has tenido aliento que dar,
tus lágrimas húmedas serán mis ausencias,
ymis ojos llorosos pedazos de mar.

  Sus aguas de oro me riegan las venas,
sus cúspides rojas me arrastran a ti,
te quiero… y es por eso que estoy aún en vela…

  y persigo sueños que han sido en mis sendas,
serenos regazos… que curan mis penas
y me siento libre:
                                            ELIJO VIVIR.

                               -2012- 

Ayer por la noche tuve un tropiezo

  Ayer por la noche tuve un tropiezo con mi madre. Por la tarde tenía ropa a secar y me dijo que me pondría un niki que había allí. Al llegar la noche, cuando iba a empezar un programa, una película que le gustaba a ella, le pregunté si lo había planchado. Y, como siempre hace, se levantó y dijo que me lo iba a planchar. Eso enfurecía a mi padre. No comprendí por qué hacía eso, podía hacerlo Quico. Todavía me lo sigo preguntando. Al ir con ella al fallado, al estar allí, me decía lo de siempre: No esperes a nadie, todos se irán, como no te líes con Lourdes. Bueno, ya sabía pasar. En un momento, se me escapó una palabra, no sé cuál, pensó que era "bueno". Me ofendió más una riña que tuve por la noche con Quico. Cuando se acostó, encendió la luz de la mesilla para leer. Tenía puesta una cinta. Yo, con miedo, porque si me pongo a leer suele apagar la luz, cogí las gafas y una libreta. No hizo ningún movimiento extraño y eso me alegró. Pasaron dos canciones y le dije si la cinta era mía. "No", no me importó, porque yo se la iba a dejar de todos modos. Me dijo: "Malena me grabó la cinta tuya en una para mí, pídesela a Malena". Y yo eso se lo creí, pero (había apagado la luz) seguía corriendo la cinta y recordé que un día me había pedido una cinta por la canción: "devuélveme  a esa chica" y era ésa. Por lo tanto, era mía. Pero, ¿por qué me mintió?. "Lo mío todo también es tuyo. Ahí lo tienes, puedes cogerlo cuando quieras. Excepto el dinero, todo está a la vista. Pero, ¿por qué te pones así?". Pasé un rato buscando la respuesta. Después me dormí.
  Hoy, cuando me levanté, fui a ver el aparato y era mi cinta. Pero lo de más tarde fue peor. Bajé a Ramallosa y subí. Un rato después me dijo Quico que fuera con él a lavar el perro de las Damas y me puse el pantalón de bajar al pueblo, claro. Él me dijo: "ése no que hay que arrodillarse". Cogí el verde y me lo empecé a poner. Creo que le oí que la ropa debía de ser vieja y vi, me fijé sobre el sillón el pantalón del chándal.
  Y le dije a Quico que lo podía llevar. Él me respondió "claro que si". y, sin saber por qué, le contesté: entonces, ¿por qué me dijiste el nuevo?. Creo que se lo debí hacer bromeando, para no verle tan serio. Pero se enfadó más, ese gesto de rodear el cuello con las manos, pues lo hizo.
  Me da pena, me duele, no sé cómo se puede romper este lazo, pero no me extrañaría, aunque no quisiera que así fuese, que ahí se haya roto un poco. Después tuve unas palabras con él y no me dio gesto de estar enfadado, tal vez porque debe olvidarse en cuanto ha pasado.
  Pero, cuando estábamos en casa, fui a la habitación a barrer y él también. Saqué las alfombras y las sacudí en vertical desde la ventana. Él me dijo: Sal fuera para sacudirlas. O lo haces bien o no lo haces. Me dio miedo. Y siguió, porque barrí mi parte  y le pregunté: ¿quieres que barra tu cama?. No sé qué me respondió, pero fue una de esas respuestas que te dejan cortado. Y llegué a pensar que el lazo se había roto.
  Me gustaría escribirle a Ana, para pedirle consejo, pero me parece que estará enfadada. Mi padre, casi al mediodía, le dijo a Malena que llamara a mis abuelos, porque era el cumpleaños del abuelo, según le apuntó mi madre. Yo, desde el pasillo, la puerta, no sé si porque no lo había oído o porque intentaba el diálogo un poco más, le pregunté a quién. Mi padre me dio un empujón con el pie a lo bestia. "Claro, de la única forma que sabes hablar. Y, conmigo, te gusta más, ¿no?". Pero después me calmé.
  Hoy va a ir Betty y Sussy. Y dejé las alfombras fuera, ahora las fui a sacudir y mamá estaba en la habitación. "No quiero ver las alfombras aquí fuera. Todo el día llevan. Que vean la mierda. Se fue hacia la ventana y yo murmuré: "calma" o "bueno", algo así, pero s volvió diciendo que estaba rezando. Y pensé: "Es lo único que tengo para poder pasar".
  Después subí a escribir. Mamá estaba en el cuarto de baño, lavando y pidió el jabón flota a quien estuviera abajo. Esperé un rato por si estaba mi padre, pero al cabo bajé y pensé: No sabes lo que te pierdes. 
  Déjame contarte todo el momento en que he estado pensando en ti. Es tuyo, yo sé que quiere rehacerse un nuevo día entre nosotros. Déjame contártelo, quiere encontrar su sentido. Quiere hacerse lazo en la vida, quiere saber quién fue su pregonero. Déjame contártelo,  tú fuiste el motivo de su nacimiento, y ahora quiere saber tal y como eres.
  Comprender qué fue de ti en esos momentos y convencerse que tú también estabas con él con él para esos instantes. Cuando bajé por la tarde a buscar el pan, iba pensando. Me gustaba su hola, aquella mirada. Me gustaba un futuro, sin pasar el tiempo, siempre un futuro que supiera decir si a sus pasos. Me gustaba todo aquello que invadía mis pensamientos en aquellos instantes. Me gustaba todo lo que pudiese decir, tal vez lo estaba imaginando. 

domingo, 18 de marzo de 2012

DULCE SENSACION


Esa dulce sensación
que descubrí al mirarte
rompió el corazón
solo deseo amarte

en el mirar de tus ojos
descubrí mi salvación
la dulzura de tus labios
me devolvieron la ilusión

cada día sufro más
esperando nuestro encuentro,
es el dolor del amor
el que llevo tan dentro

no necesito dinero
no necesito alimento
sólo necesito verte
si no puedo voy muriendo

siento muy poco a poco
que te has llevado mi alma
lo único que desconozco
es si de verdad me amas

viviré con el deseo
de encontrarte cada día
es mi único anhelo
es mi alegría.


Seguí con mi mirada


   Seguí con mi mirada

el vuelo de una mariposa de radiantes colores.

e  Iba de flor en flor,
vertiéndose en cada una cuando se posaba sobre ellas: descansaba un instante

 después se iba a otra, se transformaba…
pero no descansando, no,
allí estaba parte del hogar
que el mundo le había arrebatado.

  Mis ojos le seguían en silencio,
asombrados, perezosos…
y la mariposa lo sabía, si,
porque en un momento volvió la vista
y me miró, detenido en el tiempo.

  "¿Qué haces ahí?"- me preguntaba.
Contemplándote- le respondí.

  Y yo sabía que muchas  veces el silencio
dice más que todas las palabras
que pudieran decirse con el sentimiento.

  ¿Qué haces tú, mi lucero?- le demandé
en un tono más suave.
"Curtiendo mis alas, ya me ves.
Mi camino no se acaba".

  No, no se acabará, rosa linda,
porque lo das todo.

  Y dichas estas palabras me despedí,
para que siguiese su senda.

Recogí toda su paz
y la integré en mi vida.

Otro detalle muy curioso que podría añadirse a lo de antes

 de darse por sabida sin ver. Hoy miércoles sólo vino Palmira y ya le entendí en cuanto a ir a lo de Chicha. El otro día se marchó mi madre y en la merienda les di vino Montefiel tinto porque Palmira dijo que le daba igual y por no gastarle dinero. Esta marca me parece que la tomaron un día. Cuando llegó mamá no le pareció bien, porque a ellas les gustaba más el gallego de la tienda.
  Hoy sólo vino Palmira y, cuando llegó mi madre, ya había merendado: "¿Le trajeron el vino y la gaseosa?. Seguro que le dieron Montefiel". Subí arriba a escribir un poco y, al rato, me llamó: ¿Dejas el regar para mí?.
  Otro detalle fue una palabra que dijo mi hermana Mariora al comer: es que tú parece que nos quieres hacer inútiles a todos. Me quedo mirando tantas veces. No sé qué: un espejo, un mueble, un espejo sirve. El mirar pudiera ser un investigar en secreto, un admirar todas las cosas. O un hacer nuestra la realidad. Cuando empezaron a morir los conejitos, yo me decía: al menos quedará uno para acompañar a la coneja. No sé qué puede ser si se van todos. Y antes de ayer quedó uno. El día de ayer vi que no había muerto y me quedé tranquilo. Pero hoy me he levantado antes que todos y fui a verlos, está muriendo.
  ¿Y ahora?, ¿quién es el culpable?. Mi primera respuesta es yo y entonces comienzo a preguntarme qué es lo que pasó ahí. Mi madre me había dicho: "Tengo que desinfectarlo". En aquel momento tenía esas mismas palabras en la cabeza y no otras. Digo esto y, en el mismo momento, siento que no es toda la verdad, sólo me queda preguntar por el culpable… y buscar ayuda porque yo me siento incapaz
  Hace tres días empezó la fiesta en Sabarís. De todas formas, no lo pasé tan bien. Y me dio pena, porque me parece que sigo más el qué dirán que a lo que hago yo. Sólo bailé con una, al llegar, conocida. A las dos y media nos fuimos. Vi a Ana Belén, pero me pareció todavía una cría. Quería hablar con ella. Si, aunque no supiese de qué, pero la noté como si escapase. "Bueno, allá tú", pensé. No tenía tantas ganas, me dolía más el pie. El segundo día, antes de ayer, no fui. Y ayer fui a Ramallosa. Al principio, cuando me dijeron que Lourdes quería venir conmigo, pensé que iba a ser el escollo que no me dejara bailar. Sin embargo, no fue así. Ella fue con dos chicos de allí y, ya en la fiesta, estuve con Teresa y me dio un beso. No sé si fue ella quien me animó. Me llamaron la atención dos chicas, no sé por qué, sólo sé que estaba con ellas Marisol, de Gondomar, y Mari de Madrid. Y bailaron. Lo pasé bien allí. Fue Marisol quien me dijo que enseñara a bailar a Lourdes. Y fue lo que hice, aunque le fuera muy difícil, no terminó de aprender de todo. Me parece que le animé un poco más. Y a las dos menos algo más o menos encontré a Susana y a Betty. Un rato antes, Lourdes fue a saludar a una chica y le dio un beso. Así que me metí yo y también se lo di. Bailé con ella, aunque quedé de bailar con sus dos amigas.
  Por la tarde, había pasado un poco por el baile. Bailé una o dos con Rosi, me lo prometió Lina y la amiga de Ramona, pero me fui a las nueve. A Rosi la vi en la fiesta, pero no tenía ganas. Cuando terminó la fiesta, yo aún quería bailar, pero tengo que guardar las ganas para hoy. No van a ir Betty y Susy, pero sí aquellas tres, o las dos. Le seguiré enseñando a Lourdes.
  Por la noche de ayer, mientras Quico fue al baño, me acordé del hecho que tuve con la chica de Madrid. Me parece que, en el fondo, no sé lo que es el amor y también me parece que yo lo baso, sobre todo, en las cartas. En vez de decirle "dame la dirección", le pregunté si le gustaba escribir. Me respondió "no mucho", así que ya no pensé más en eso. Escribí un rato, no quiero que piense que lo dejo abandonado. No puedo hacerlo, a pesar de todo, sería un cargo de conciencia, un detalle que es la primera vez que conozco, un sentimiento que lo primero que hizo fue buscarme, simplemente porque era diferente de los demás. Y creo que yo siempre estaré en disposición de escucharle, pronto llegaba su hora y ya le esperaba desde hace mucho tiempo. Lo que sí voy a querer va a ser desarrollar todas tus palabras… que es desarrollarte también a ti. Y me doy cuenta que todos esos instantes vienen para vivirlos, acaso también para llenar después un punto en el mañana, pero algo que sólo quiere ser eso: un instante que tiene que irse. Llegará tu recuerdo, si, porque tú has confiado en él, y eso es algo que en realidad nunca podrá olvidarse. Pero ahora tiene que irse, compréndelo, tal vez mañana… tal vez mañana le gustará recordarte a ti quién fue en el día de hoy. Me di cuenta que no tenía por qué temer.
  Mariora marchó, dijo que iba a estar varios días fuera. Le pedí el radio-cassette y me lo dejó, así que hace un rato le pregunté a Quico: ¿cuántos días va a estar Mariora fuera?. Y él me respondió: ¿a ti qué te importa?. Nada, nada, y me fui. Sé que debería habérselo dicho, pero me acordé de una de las caras de Quico que me dio Teresa: respuestas que te dejan cortado.
  Ya por la mañana hubo un roce: yo venía de Ramallosa y, por temor a que me lastimara el dedo, quise buscar las sandalias y se las pedí a Quico, pues las tenía él. Se las pedí pues, y Mariora dijo: "Cuando tú le pides algo a él, te lo da y no te pregunta. Debe pedírtelo porque le duele algo o lo necesita", yo le había dicho si quería o los necesitaba.  Al final, me los dio un poco enfadado o molesto,  y no quedé tranquilo.
  Antes sí tenía oído que ella me ayudaría de mayor o si lo necesitaba. Puede ser verdad. En la fiesta, no sé si fue Mariora quien me dijo que, en comparación con Lourdes, yo no tenía nada. Lo primero que le dije, hablando de mí, fue que también me había atropellado un coche.