Y dejé caer mis sueños sobre tu agua
para sentir como sentías tú
y sentir la libertad
a través de ti...
y la cúpula de oro no se rompió, se hizo
más fuerte
y dejé caer mis sueños
sobre tu cuerpo de hada... y toqué la
brisa
que de ti yo bebía como un extraño.
Y mis sueños se hicieron luz como tú y tus
sueños
se hicieron nácar
y yo dejé caer mi vida sobre la tuya...
Luego besé tu silencio,
tu delicada estrofa de alma y en ella
vi el mundo...
y dejé caer mis sueños sobre tu agua
para nacer otra vez
y quise sentirlos como los sentías tú,
pero no pude:
sólo tú conocías la inmensidad.
2005
Un camino andado, es vida y experiencia, si juntos, mejor... No siempre lo que deseamos es posible.
ResponderEliminarBesicos.
Me fascinan los poemas en los que los ultimos versos sentencian, como es el caso de este.
ResponderEliminarGuillermo, lo que deseamos es en verdad lo que debe empujarnos a mejorar y a caminar un poco más cada día, un camino compartido es lo que nos hará sentirnos más fuertes y todo junto nos mostrará la verdad que buscamos.
ResponderEliminarGracias, Eria, el primer amigo que tuve que escribía conmigo y otro chico más fue quien me enseñó a ver que la parte final de un poema debe sere quizás la más fuerte, en donde se encierra la verdadera fuerza de un poema. Es algo que debe buscarse, aunque la verdad es quwe ese final te lo indican las palabras