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Con estas palabras os doy la bienvenida y mi mayor agradecimiento a vosotros que sois los que hacéis posible que este blog se mantenga activo y vaya renovándolo cada poco tiempo. Mi deseo es que el contenido de este blog os aporte diferentes emociones y sentimientos. Un abrazo cariñoso también a todos los que estáis ahí y formáis parte de esta poesía y a todos los que quieren también formar parte de ella, a las nuevas incorporaciones: un abrazo de bienvenida a todos ellos



lunes, 3 de septiembre de 2012

Tanto como me enseñaron



  Tantas cosas me enseñaron                 
que hoy descubro que son mentira,
tantas como me engañaron
dejando dentro de mí heridas.

¿Dónde quedan los consejos
que el silencio me mostraba,
dónde quedan lo alientos
de aquel sueño que yo amaba?.

He aprendido a hacerme fuerte
a pesar de la tormenta,
y no, no le temo a la muerte
que en tiempos era mi afrenta.

  Hoy recojo lo aprendido
para hacerlo parte de mí.
Y aquí estoy: caminando contigo,
a tu lado volviendo a vivir.

  Es tan hermoso dormir en tu orilla
y ver la vida pasar,
no siento con dolor la rutina
aunque muchas veces lo pasara mal.

  En todo había una enseñanza
que ahora debo entender,
un paso más en mi aprendizaje
que hoy puede hacerme querer.

  Por eso quererte a ti es querer la vida…
y enfrentarme a lo irreal,
que he malgastado la semilla
que el tiempo me hacía luchar.

  He aprendido que el momento
es el ave del más allá
que nunca ha de revivirse,
que nunca ha de regresar.

  Hoy recojo tus palabras
en mi alma escritas, la verdad,
y me siento en el camino…
con mis sueños y mi paz.

  Tantas cosas me enseñaron
que hoy llenan mi saber…
tantas cosas me mostraron
y me han hecho comprender.

  ¿Dónde queda la conciencia,
la que me sirve de luz,
sé que todo es experiencia
para hallar la plenitud.

  Hoy recojo esta enseñanza
y al mundo digo: Aquí estoy,
no me rindo aunque a veces quise
pensar que no era un honor…

  estar aquí y no ser poderoso
por lo que puedo ofrecer:
es que la fuerza que hoy siento
me lo ha hecho comprender,

  hoy recojo este camino
que me quiso confundir,
y le digo: Ven, camina conmigo
porque eres parte de mí.

                     -2012-

Amaia fue un arco iris


  Amaia fue un arco iris detrás de la montaña. Se despertó, extendió sus colores y deslumbró al hombre… que estaba escondido en el valle buscando tesoros entre las rocas. Y cada color era un sueño y cada sueño un más allá; Amaia era fácil de creer, fácil de sentir… todo parecía sencillo en sus manos. Y el momento más álgido fue cuando ella penetró en la montaña y se sintió mujer: allí ella se transfiguró en una luz más fuerte. Después siguió su camino a lo largo de la noche, a través de sus velos negros. Amaia fue luz hasta tocar con sus labios el cáliz de la cima invicta. Entonces se hizo luna.

Me decía: No discutas


  Me decía: “No discutas. Tranquilo. Ahora te bañas, aunque ella se te coló porque dijo que iba a poner en remojo un chándal, y seguramente se estará bañando: tranquilízate, ahora te bañas y no le dices nada. Para otra vez, no confías en ella. Además, ¿qué importa?. Se tuvo que encender el agua caliente para ella, ¿y qué?. Es papá quien la paga. Tal vez le duela más porque no le terminas de entender del todo. No importa, tú procura no enfadarle”. Lo intenté, si, lo intenté, pero no pude. Nunca puede resultar bien, no pude resistir el impulso. Pero sí es verdad que las primeras palabras fueron tranquilas. Lo que más me irritó fue que ella se riera, quería pasar como… sentía que se estaba riendo de todos. Y yo tengo que seguir callado. ¿Cuándo terminará?. No me parece que sea cólera. Me falta tranquilidad. Este es un ambiente demasiado tenso, y cualquier roce es suficiente para hacerme estallar. Y entonces repiquetea en mí el terrible conflicto de los veintitrés años. Y siempre le veo riendo. No sé qué me pasa. Tanto callarme me va a volver loco. Tampoco quiero ser un señorito. Me acuesto después de bañarme, porque me parece que si pongo las sandalias, mancho los pies y las sábanas. Y eso le carga a mi madre. A veces me siento a escribir. Si, es verdad, pero no es toda la tarde, un poema son quince o treinta segundos, y todo ese tiempo que escribía a escondidas, y gastaba horas y horas, o también horas sin hacer nada, decían que era perder el tiempo, y yo sentía que lo necesitaba para esa tranquilidad. Ahora que ya me dijo que aquellos poemas le habían gustado, y que eso lo podía hacer en el tiempo en que hubiera sol, después de comer ya no ocupo tanto tiempo a escondidas, sólo algún poema; el otro día estuve pasándolos a limpio en la cocina, y pasó varias veces mi padre. Me sorprendió, porque en esos momentos me asustaba mucho pero no me dijo nada. Pero supongo que debo seguir intranquilo por algo. Grabar canciones no creo que sea, porque aunque muchas veces lo intente y tenga miedo de que me vean, lo guardo para cuando empiece a quedarme solo. Un poco creo que puede ser el no poder oír nunca, no sé si debe ser así como se debe expresar. Estaba haciendo un cesto y me empecé a poner de malhumor. Sólo porque no me salían las cosas como yo lo había imaginado. Después, mamá, vi su buena intención, pero no me parece bien ese modo.
 Ahora puse una cinta, tiene esa canción que tanto me gusta. Cuando la pasé una noche con Quico no sabía en qué cara estaba. No sé si la veré ahora, pero necesito tranquilizarme. “La música amansa a las fieras”: si, tal vez ésa sea la definición más correcta de mí en este momento. No sé montar mi enfado en ninguna historia, mi enfado por mamá, etc…, no sé cuál más, todo lo que pienso quiere descargarse contra Malena; siempre termino pensando, aunque sea inconscientemente “Bah, olvídalo”. No sé qué me ocurre. En verdad, para lo que me ocurre debo ser un chaval con suerte. Entonces, ¿qué se mezcla en mi camino?. Todo parece reírse de mí. Soy un niño atemorizado con cara de mayor. A veces se me ocurrió pensar que tenía celos de Malena, porque es la preferida y se desenvuelve la lucha de ella y yo. Y no sé si eso puede tener también la culpa. Muchas veces son las gallinas las que caldean el fuego. Hoy, cuando estaba viendo la tele, me llamó mi padre enfadado porque había una fiera. Y resuena la voz de mi madre. Entonces, mi padre se enfada más. Yo tendría ganas de echar la casa por la ventana. Pero no. También pienso que hay que seguir al pie del cañón. Con el brazo firme. La postura de ánimo. Se acabó, me decía mi hermano que tenía la luz de la mesilla encendida. Si, se acabó, cuánta razón tienes, pero sólo se puede acabar por hoy. A partir de ahora, sólo le quedará el poder soñar con el mañana. Y saber que ese mañana le llegará cuajado de bellas esperanzas. Por la mañana, Teresa y, por la tarde, Bety y Susana. Tan cierto no está, pero es una esperanza que, aunque se retrase varias semanas, siempre será mañana cuando llegue. La vida quiere cobrarse todo el esplendor que hay en sus ojos, y yo quiero que se lo cobre así, inocentemente, sin querer que haya malicia, como un ánimo para que nunca haya y, aunque se sienta cercado y hundido en ella, que no crezca y se vaya debilitando. Hoy domingo, dudé en la misa, pero al final fui a hablar con el sacerdote. Era nuevo, me animó a vencer la timidez y a combatir con ilusión. El palabra de Dios, es una quimera, y yo necesito tiempo para ir olvidándolo. Creo que es el tono el que me atemoriza, pero hay que luchar. Va a haber un viaje a Fátima. Bueno, irán Teresa y Julia. Lo pasaré bien. Sólo con Quico. Mis chistes. No me dará miedo a leer algún poema, según como esté de ánimo.
  Las firmas, siempre con la misma historia. No, no es así, cada una es una historia. Nueva cada vez. Y he de ir amontonando más y más. Un día me quedarán muchos pequeños granitos por recoger. Y sonreiré mucho más claramente cuando pueda decir que estuve yo presente en cada uno. Y hallarme sonriendo, atado de una de esas perlitas que compusieron mi ser de aquellos tiempos. Si, cada una es una historia, ¡si supieras la cantidad de sueños que anidan en cada una, y el camino que tomaron desde que apareció una sonrisa, me parece que a ti tampoco te importaría venir a formar parte de ella. Pues alégrate, porque estaba guardado el sitio para ti. Ahora es cuando se cumple el final de esa historia.
  Cuando llegué de Vilariño, me dije que le preguntaría a mi madre cuándo se iba en el viaje a Roma, porque el suyo era a finales de Septiembre y a Fátima se iba a principios de Octubre. El suyo se había adelantado una semana. Y se lo pregunté. Pero era al contrario, el nuestro se había atrasado una semana, pero ella marchaba el lunes. Se enfadó, yo lo había hecho porque no quería romper el lazo de que tal vez por cualquier cosa pueda abrirse un diálogo. Y si no es un diálogo, son unas palabras. Pero se enfadó. Me dijo que lo que le dolía era que no empezase a ser un chico de verdad. Me marché de allí, pero eso me hizo pensar. No había dicho ni la primera palabra cuando murmuré: ¡Bah!. Déjalo. No importa. Quico me parece que se preocupó un poco porque observó que cuando levanto el brazo izquierdo por delante, llevo un poco el cuerpo. Hoy, cuando me pongo a pensar, me parece buena la idea de ir trabajando poco a poco con él, que puede ser quizás cuando me acuerde. Todo el escribir es escapar de la rutina que fuerza la existencia. Se puede escribir de muchas maneras. Cuando está todo tranquilo, creo que es cuando mejor vivo la vida. Puedo hablar con Malena, bueno, procuro relacionarme poco con ella, a veces se cruzan algunas palabras, tengo miedo por dónde puede salir, pero me parece que también la noto bastante tranquila. Eso es lo que me pone de malhumor, porque también la riña se extiende varios minutos, y cada segundo pesa como si fuese una vida. 


lunes, 20 de agosto de 2012

Mientras te escribo


 Mientras te escribo…
estoy consciente.
Refuerzo mi voluntad amándote.

Y mi consciencia es un sendero
entre tu aura y la mía,
una especie de emoción que fluye en nosotros
de una manera diferente
a otras.

Un segundo de tu vida
es mi sueño. Un segundo de la mía…
pasión.

Es el alma quien nos une.


                 -2012-

viernes, 17 de agosto de 2012

Ayudadme, amigas, sé que estáis ahí.


 Todo pasa y ahora, varios días después, me parece que todo vuelve a la normalidad. Aunque yo estoy arrepintiéndome muchas veces, porque creo que mi madre vive en medio de una completa tensión. Tensión por todo, por todo lo que ocurre, eso supongo que es lo que le obliga a pensar mal tantas veces, y por ahí supongo que es por donde empecé yo. Me sentí dañado un día que le hice discutir conmigo, no sé por qué, pero supongo que sería por no saberme callar a tiempo y mi padre me dijo que hasta un subnormal era mejor que yo, al menos ellos adoraban a sus madres. Me parece que siempre quedará mucho por decir.
  Antes eran las fiestas de Santa Marta, pero también era día festivo, así que fui a misa a Vilariño. Vi a Natalia, la verdad es que había pensado mucho en ella. Pues la vi, llegó más tarde que yo, no así a Vanesa, iba con la hermanita, o la prima no sé, pequeña, y con una más mayor que ella que debía ser vecina, debía tener trece o catorce años. No fue Teresa, eso tal vez me decepcionó un poco. Le llevaba varios poemas. Cuando terminó la misa y conseguí hablar con Natalia, se mostró muy enfadada y así me lo dijo. No sé qué fue lo que me dijo la rubia, pero yo sé que miré para ella con un gesto serio y le llamé algo fuerte: mocosa o algo por el estilo. A ella le había echado la culpa de estar así ellas. Después pasé por casa de Paz a recoger la cinta y me vine.
  Por la tarde no pensaba salir. Quico me preguntó si iba a ir a Santa Marta. Lo que en verdad quería decir es si quería ir con él. Eso me animó a ir al baile. Marché a las seis, porque quería aprovechar el que mis padres se iban a casa de la tía María Ester a las seis y media y escribir a máquina, pero el tiempo se me hacía muy largo y marché. No fueron, como pensaba, Betty y Susana, pero tampoco las esperaba. Tal vez el que más me animó a ir fue Manolo, el padre de Rosi. Sólo había discoteca, bailé con la hermana de Fernando y ya había empezado a echar por el suelo dicha posibilidad. Iba a bailar un día, era yo el que necesitaba que ese día fuera hoy. Bailó, aunque no de la forma que suelo bailar, pero varia veces lo había hecho de esa manera, así que en el segundo o tercer movimiento cogí la onda y bailé como ella. Bailó Rosi, ella, Rosi (aunque para bailar tuve que hacer la pequeña trampa de decirle al hermano que lo consiguiese y yo le invitaba). El chantajista en broma que tanto decía Paz. Cuando bailaba le dije que para otra vez tenía que ser ella la que dijese si. Ella sonrió.
  A mí también me molesta la sonrisa que le hacen a Lourdes, que es fingida. Y es lo contrario en el interior. Bueno, también yo siento que me la hacen a veces, pero empiezo a no hacerle caso. Le tengo miedo, si, pero ahora no la siento mucho. Me procuro alejar de todas ésas. Bety, Susana, Manolo, y hay alguna más, de ellos no la espero. De Susana, la amiga de Bety, que vino a Fátima hace mucho tiempo, de ella si, pero ya hablo poco con ella., igual de Lina y Teresa, pero son lo de menos. De la hermana de Fernando no y de las chicas de San Cipriano tampoco. Las hermanas de Costas siempre estaban dudando, pero me parece que fueron estos días de fiesta, lo que me dan ideas. Ayer la vi en Santa Marta y quise ir a verle, pero me parece que me miró y se fue. Eso me bastó. La chica que más me animó en el baile fue Ana, quien me enseñó a bailar. Siempre había pensado que estaba enfadada conmigo. Hacía siete semanas que no la veía. Es cierto que un día había pensado que se podía reír, pero el tiempo pasado, me lo hacía olvidar.
  Al salir a las nueve y algo fui a hablar con Manolo. Pude desahogar lo bien que lo había pasado. Le llevé una cerveza más tarde, porque él me la pidió, y me encontré con Quico y Eladio. Dijeron que me iban a llevar a casa, pero supongo que querían dar una vuelta.
  Fueron a Bayona, después se metieron por Santa Marta a Sabarís  y luego a Borreiros. Ya yendo a Bayona empecé a marearme, me quité la camisa, pero, al final, en Borreiros, tuve que decirle que parase el coche. Quico fue a no sé dónde, y yo aún estuve un poco hablando con Eladio. Me molestaba por haberles fastidiado, pero él se lo tomó bastante tranquilo. Ya en casa el mover la cabeza me sentaba mal, así que tomé dos bocadillos. Cuando el segundo, ya preparado, pitó Eladio desde afuera. Cerré las gallinas a todo meter y le había dicho a Malena si podía cerrar lo demás, se puso a escribir, comprendí después, así me lo dijo Quico, que tenía que haberlo hecho yo. Tenía miedo de moverme, porque no quería llegar a la fiesta mareado y sudando. En la fiesta lo quería pasar bien, me encontré con Paz al principio y me dijo que bailaría. Después le perdí, pero confiaba en hallarla. Ya me sentía bien el haber oído aquello. Me encontré con Ana, de San Cipriano y,  cuando empezó el grupo, bailó. Lo primero que le dije fue si le sentaría mal el que me quedase allí. Estaba también Ángeles, le pedí tres veces, pero ella no hizo mucha falta. Me distraje hablando con Fernando. Bailé con Paz y a Ana le intenté hacer esa broma que tanto le hacía a Bety de pedirle, engañarle, suplicarle contra su voluntad y, cuando ya podía, decirle que no porque ella no quería. Pero no resultó. Bueno, no importa, pasé un momento feliz. Después vi a Ester y bailé dos con ella seguidas, porque me dijo que se había descuidado al cambiar, cierto es que yo se lo hice a propósito. El mareo, no valió para entorpecer el día tan feliz.
  Tal vez lo único que tenía áspero de ese día fue en el baile, cuando subía por las escaleras, una chica que iba con otra cuando ya había llegado arriba hizo un gesto de querer llamarme la atención, no sé para qué, me gusta pensar en algo como cualquier cosa que me despertase, pero al verme la cara me pareció apreciar un gesto de asco. Me turbó aquello, me hacía echar la fiesta por la ventana, pero pronto me repuse. La idea de Manolo de fijarme en Rossi no me parece mala. Aunque antes me parecía gorda y fea, ahora ya no sé qué pensar, pero a él le gusta la idea de ser su cuñado. Yo prefiero que vayan pasando los días, porque la idea de encontrar a alguien sincero que te diga “vamos a ser novios” desde el principio, me parece un sueño fantástico.
  Conchi, la hermana de Lucy, lo intentó, pero no, ya sabes cómo terminó todo: Lucy se enfadó. El día que la vi, como si hubiera llegado esa semana, le vi y fui a su casa. En un momento que estaba sola se lo pedí y no quiso. Aquel relativo “asco” me volvió a la idea del “feo”, me deprimió, pero tres minutos después ya había pasado todo. Hoy se quedó papá en casa, tenía un poco de miedo, pero no pasó nada. Por la mañana, aunque bajó Malena, bajé también yo a llevar un cesto, subí la leche, la herví, cogí verdura, las manzanas, hice la cama, y él no me dijo nada. Ahora, después de comer, estoy escribiendo mientras hace sol. Estuve también escribiendo algunos poemas. Eso es algo que no me lo podrán prohibir y, si lo intentan, no me podrán coger. Uno lo escribí por el camino, me sirve el baño, en el entremedio de hacer las camas, y eso es lo de menos.
  Mucho peor que el no comprender, me parece que es el no entender, y supongo que muchas veces es eso lo que me ocurre. No va a herirme, porque reconozco que haya veces en que necesita desahogarse, pero si hay un desahogo un día y yo me quedo callado, más dolor es que ese mismo desahogo se repita una y otra vez. No tengo que tomarme las cosas tan a pecho, pero yo soy de una especie de humanos distinto al que ahora puebla la tierra. No sé de dónde vengo, mejor dicho, vengo un poco de todos los lugares y me parece que también a ellos quiero encontrarlos un día. Volveré a empezar cuando ellos así lo dispongan, pero para entonces ya me sentiré un poco más unido a ellos y, a partir de esa amistad, a todos mis hermanos. De todos los sitios un poco iré recogiendo cuando tú lo digas. Y me duele más cuando dicen “estamos creando señoritos de la mierda. Había tanto que decir. O Malena, si ya sé que tengo veintitrés años, y sigo discutiendo. El simple hecho de recoger el mantel, lo que me da más rabia es eso que me dijo de que mamá regaba su odio. ¿Qué es lo que tengo que hacer?, ¿toda la vida va a ser así?. ¿O es que nadie sabe derribar esta muralla?. El más mayor con la más pequeña, ¿qué significa esto?. ¿Es todo una fantasía?. Siento que me doy cuenta de muchas cosas que los demás no entienden, como así se lo dije a Malena mientras discutía. Ya me intenté tranquilizar.


martes, 26 de junio de 2012

Y he visto sueños derrotados







 Y he visto sueños derrotados
por culpa de una mentira,
he visto muros levantados
conscientes y a toda prisa.

  Y me he cansado de ver
la miseria por las calles,
polvo que sabía a veneno,
juegos míseros, cobardes.

  También he visto mundos gigantes
de inocencias corrompidas,
que jugaban a ser guardianes
de otros sueños y otras vidas.

  Y después de ver… entiendo
que el futuro que nos aguarda
no es el mundo que deseo
sino el de una edad marcada.


Me gustaría que lloviese…




  Me gustaría que lloviese...
o que tronase hoy me gustaría.

Me asusta esta calma…
que no sé a dónde me llevará:
me asustan sus continuos parpadeos en silencio.

Una brisa suave acaricia mi ventana
y me detiene… y sé que es ella:
la soledad,
que también se asusta. Me gustaría que lloviese
o que tronase, pero no esta calma…
que unas veces me inquieta
y otras me ahoga.

Sólo el viento frío me comprende, si,
ese viento que siento temblar sobre mis piernas
y muchas veces me cierra los ojos y los comprende.

Hoy me intranquiliza estar solo,
no sentir el mundo
ni percibir siquiera su continuo movimiento a mi alrededor; hoy me ajusticia pensar que todo se ha parado
y que no ha de volver a moverse.

Me gustaría que tronase hoy…
si, que tronase y que su sacudida
fuera una forma de entrar en mí
y de relajarme. Seguro que me aceptaría como soy.

Pero sé que a veces lo que quiero es imposible…
porque para que fuera posible
necesitaría señales inequívocas y exactas que no hay…

Me gustaría que sólo un gesto mío
fuera capaz de transformarlo.


Era mi culpa

 “Era mi culpa por lo que le había dicho a Isabel, no sabía por qué algo se había cruzado en mi mente. Era el dejarlo todo para regar por la noche. Y, encima, el aparato de Mariora: no lo podía tener durante el día, siempre lo tenía otro. Había preparado los hoyos para regar después del programa, pero convencido que aún sería de día. Y me equivocaba. Sé que me levanté y fui a la habitación. Quería escribir un poema, pero llegó mamá y lo guardé. Le dije que no iba a escribir, pero sabía que era que sí y vio la libreta.
  Tenía algunos sucios. Más de malhumor. Entonces llegó Nacho y me dio más rabia aún. Varias veces pensé en estallar. Contarle toda la historia sería lo mejor. Pero en aquel momento no. A como estaba, ¡jo! tú bien sabes que daría todo lo que fuese por calmarla. Yo me decía: Tanta paciencia, tanto hablar con los curas, pero te olvidas de mí. Si, era culpa mía por no saber organizar el tiempo, pero un poema mío no se puede dejar para una hora determinada. Además, era yo la vida, ¡qué caray!. Llegaba a envidiar a Lourdes, a envidiar todos esos momentos de muerte. Y lloré, me daba rabia, porque tal vez sería un llorar de cobardes. En aquel momento sé que lo pasé muy mal. Varias veces me había parado a pensar un futuro muy oscuro. En un momento se paró y me preguntó: ¿qué te dije?. Y se lo expliqué desde mi punto de vista, pero pensaba “lo mismo de siempre”.   Hoy, al levantarme, no tenía ganas de hablar con nadie. Bajé a cortarme el pelo, suponía un esfuerzo el hablar con mi madre. Después subí, hablé con Malena, una pregunta, pero no me contestó. Después me dijo: “Vacía los cubos”. Y pensé: “Para eso, si”. Pero lo que más me enfadó fue cuando mi madre le dijo a Quico, hablando de Borreiros y de sus diálogos con don Manuel. Contestar no es bueno, pero cuando uno sabe que lleva la razón, no sería contestar en este caso. Eso me enfadó. O lo que dijo un rato antes: “Tú, ayer, me causaste extrañeza”. Yo pensaba: Y tú a mí. Todos parecen enfadados conmigo menos Quico. Pensaba mucho en contarle toda la verdad, pero también recordaba a todos cuantos me habían aconsejado que viviera mi vida. ¿Y ella?.
  Hoy sucedió una cosa curiosa. Es domingo, la una y media y sólo estamos mi padre, ella y yo. Primero, hace un rato, me dijo: ¡Ay!. ¡Cuánta falta me haría la moto para ir a Ramallosa a buscar jamón Cork!, ¡cuánta falta me haría Quico o alguien para que fuese!. Yo le dije que podía ir yo. Me ponía un pantalón sobre el traje de baño, los tenis sin calcetines y la camisa. “Tú tardas mucho en subir”, “tardas en cambiarte”. “Yo quería a Quico”. Al cabo de un rato, me dijo: “Bueno, vete tú”. Y fui. Después había que llevarle una pizza a Matilde. “Papá no va a querer”., “Mariora no está”. “Tú, en la bici no puedes”. “Andando tardas mucho”. Al final fuimos. Me da pena el que sólo pueda fijarme en aquellas cosas que puedan considerarse malas.
  Ayudadme, porque cuando yo empecé a escribir, quería contar estos tropiezos para así poder desahogarme mejor y no tener ira y odio hacia lo que mamá, porque siento que, a pesar de todo, sigue siendo a mí al que más quiere. No sé qué puede ser de mí mañana, creo que aún tardaré mucho en concebirlo. El miércoles, cuando vinieron las señoras a trabajar, me fui con ellas y cuando me iba a sentar a la sombra, llegó ella y dijo, gritando, que eran ellas quienes me hacían daño con tanto pobriño. Me fui a casa porque me mandó, y se quedó con ellas. “Yo también odio ese “pobriño” de Palmira, pero procuro pasar de él. Cuando a las nueve, fui hacia las gallinas, estuve con las señorass y me dijo Isabel que la bronca había sido tremenda. Yo le dije lo que me ocurrió con Quico y que lo prefería a él antes que a mi madre. Hablaba pensando en el mañana, aunque no lo espero. Me respondió que mucho me arrepentiría de esas palabras. Creo que no lo entendió.    

lunes, 28 de mayo de 2012

Son las luces del camino


  Son las luces del camino
quienes me marcan el camino a seguir,
las luces difusas
que hoy pasan a velocidades supersónicas,
que no puedo detener en mis pupilas…

son las huellas que han dejado
luces en mi alma.

Hoy me han traído hasta aquí,
me han asaltado
con sus trajes de esparto y silencio
y me han dejado solo,

pero mañana ¿quién sabe?: volveré a sentirlas
y a mirar a través de ellas…
sé que lo que me señalan es el tiempo,
el paso del tiempo sobre mí.