Si mi corazón llegó al mismo tiempo
no he a ponerte trabas,
ni muros impenetrables,
si tu corazón llegó afable y cordial
no voy de poner barreras
a lo que te llegue de fuera
y sea de un modo triunfal.
Si mi corazón llegó al mismo tiempo
no he a ponerte trabas,
ni muros impenetrables,
si tu corazón llegó afable y cordial
no voy de poner barreras
a lo que te llegue de fuera
y sea de un modo triunfal.
Hay en mi
interior un niño
que no puede vivir
mientras haya en su interior
un ser que le mata poco a poco
y
no le deja respirar.
Hay en mi interior un niño
que no crece,
que se está volviendo loco.
Su fuerza es enorme,
pero esa otra fuerza que le
oprime es enorme también
y
se oculta.
Ese sueño que va muriendo,
¡me da una pena!, ese niño
que conozco
porque conviví con él hace
mucho tiempo.
No sabe
quién es el que pelea, porque
su oponente
no tiene rostro
ni
luz.
Hay en mi interior un ser más
fuerte que yo.
Ahora estás desnuda ante mí.
y veo lo que tú ves… ahora siento
lo que tú sientes.
Si desnuda te veo, desnudo también estoy
yo: ahora estamos unidos,
no atados.
Y ante tu desnudez, veo
lo pobre que yo soy.
No busco que cada palabra sea una
ley, que no quiero confundirte:
si
estuvieras unido a mí sabrías
que camino con pies de plomo y escarcha.
Mi rival es el tuyo,
no existe en realidad:
hoy compro la porción de
terreno que me ha mostrado el mundo...
en fantasías
y con ello compro mi libertad.
Me expongo a tu criterio
porque sé
que has de ser justo conmigo
y nada ha de
pasar independiente
para ti.
Aunque
exponerme a ti sea
exponerme a
mí mismo me siento capaz
y sereno
para
afrontarlo… cuando exponerme sea un signo de transparencia
y de
reconciliación con todo lo que me rodea.
Mi cuerpo se agrieta,
se entumece,
se enfría,
sé que mañana no saldrá como ha
salido hoy,
pero tendré que volver e vivir.
Mi cuerpo no siente el paso del
tiempo,
lo destruye…
mientras me ataca por dentro.
No
me amaste, me retaste
cuando
tus truenos envolvieron mis palabras
y
fue el viento
tu
caudal. No me amaste, me sellaste
tus
ojos para siempre.
Me
colmé de raíces
sabiendo
que las raíces me llevarían
hasta
el principio del mundo,
desde
el principio del mundo…
no
me amaste,
me retaste.
-2020-
Cuando a este piso llegué
traía mi bicicleta a gusto:
le había comprado accesorios
por eso aunque no eran notorios
me llevé un gran disgusto
cuando vi que me los robaran
y que había sido un simple hurto…
“Inocente”- me dijeron ellos:
travesuras de niños inquietos,
infantiles e inseguros.
Yo me quedé descompuesto:
con la bici y sin repuestos,
pues eran el interruptor
nuevo de la luz y aquél otro
que me hacía útil el freno.
¿A quién quejarme- pensé,
quién me podría dar consuelo,
en una ciudad que no conocía,
en la que todo me parecía enorme
y me sentía solo, extranjero.
Y es que a veces los pisos ocultan
una maldad que no se siente
hasta que te enfrentas a ella
y ya se hace evidente
y no puedes detenerla:
es la rabia de la gente
que aunque es inconsecuente
crea un malestar insano:
agrede al vecindario
y luego se llaman “decentes”.
Me callé para no crear discordia,
me callé y me hice irreverente
pero siempre guardé las formas
porque debía respetar las normas
para no ser motivo de escarnio…
ahora conduzco sin marchas y a oscuras:
no siento rabia pero sí desánimo.